Fotos, fotos, y más fotos, no importa a cual nos refiramos en particular.
Todo ser humano nacido en el siglo XX ha tenido una en sus manos. Forma parte del hombre y de su anhelo por detener el tiempo inexorable, de verse tal cual era, de ayudar a la memoria a conservar los recuerdos, de ver lo que tal vez nunca vea con sus propios ojos, de deleitarse con una hermosa imagen, o espantarse viendo lo que ocurre en sitios distantes. Ver fotos, verlas y reverlas.¿No se trata de un deseo casi erótico de poseer algo intangible? Pues sí, la
fotografía es un Eros de la Imagen que ayuda a satisfacer el deseo de detener el
tiempo, de atrapar un instante que no volverá, en una imagen fragmentada del
mundo, al menos en este hemisferio occidental donde convive lo fraccionado y
heterogéneo.
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