



Hoy sólo la habitan el viento y el mismo sol que resquebrajó la piel de los trabajadores del salitre. Cerró definitivamente sus puertas en febrero de 1960, luego de la disolución de la compañía propietaria. Junto a seis oficinas más fue subastada en 1961, por 820 mil escudos, moneda de la época. Hoy es Patrimonio de la Humanidad.









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