Ilustrísimo alcalde de Ñuñoa, señor Pedro Sabat:
Estoy seguro que usted nunca se ha pegado una siesta bajo un parrón ñuñoíno, tampoco se ha revolcado entre los yuyos y maleza de alguno de los graciosos patios de nuestra querida y ultrajada comuna. Esto lo digo por el poco amor que le tiene a una de las zonas más verdes de la capital, que insiste en repoblarla llenándola de monstruosas torres que han alterado gravemente el entorno y sobre todo la paz del lugar.
Pedro, Ñuñoa nunca será La Dehesa, afortunadamente, y tampoco La Florida, por mucho que lo intente haciendo malls o colapsándola de edificios.
Sí, Pedro, 45, que además traerán 10 mil nuevos vecinos, miles de autos y, me imagino, muchísimo dinero para las arcas de la comuna. ¿Le pagan las inmobiliarias? Porque les ha dado demasiadas facilidades para que hagan su negocio; es decir, son ellas las que están rediseñando la comuna a su antojo, quitándole la novelesca identidad que siempre la caracterizó, haciéndola igual a cualquier parte de Santiago. Por el contrario, los vecinos sólo recibimos un trato vejatorio, las constructoras nos amenazan veladamente si no vendemos, y el dinero que ofrecen no alcanza para comprar algo similar en otra parte. Lo más ridículo de todo esto es que las inmobiliarias usan como gancho para sus ventas la vida tranquila, las calles arboladas; en fin, la identidad de barrio que ellos mismos están demoliendo.
Atentamente, Angel Carcavilla. Vecino de Ñuñoa.
Carta al Ilustrísimo alcalde de Ñuñoa...por Angel Carcavilla
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